IV JORNADAS DE AVANCES EN EL
SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA
Queridos amigos, este año he tenido el gran privilegio de ser invitada por ASAFA
a asistir a las IV Jornadas de Avances en el Síndrome de Fatiga Crónica, que se
celebraron en el Hospital Vall de Hebrón de Barcelona, bajo la coordinación del
Dr. José Alegre Martín, gran experto en la materia como seguro sabéis.
Fue un día muy intenso, desde las 9h de la mañana, hasta las 20h de la tarde, y
sólo un ratillo para comer. Como os podéis imaginar, hubo muchísimas charlas,
todas ellas muy interesantes, todas de gran actualidad, en las que se comentaron
los avances que se están haciendo en investigación respecto a la fatiga crónica.
Os puedo asegurar, que no me han dejado indiferente, me han dado una nueva
perspectiva y otra manera de ver la enfermedad.
Por todo ello, os quiero enviar un amplio resumen de todo lo que allí se
comentó, para que también vosotros seáis partícipes de todos estos logros.
Y por si todavía queda algún incrédulo... que lo lea también!!.
Quiero reiterar mi agradecimiento a ASAFA y a todo su equipo directivo, y por
supuesto, a todos los socios por haberme dado esta oportunidad y por haber
depositado en mí vuestra confianza. Muchísimas gracias.
Fdo. Dra. Arancha García.
COMORBILIDADES ASOCIADAS AL SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA
1. Síndrome miofascial
El Síndrome Miofascial constituye una de las causas más comunes de dolor y de
consulta médica. Frecuentemente es una patología no bien reconocida en la
práctica general. Se puede definir como el dolor que se origina en el músculo o
en la fascia muscular y comprende una serie de condiciones que causan dolor
regional o referido, sin una condición clinicopatológica específica: Miofascial
del trapecio, Miofascial subescapular, Síndrome de la articulación
temporomandibular, etc.
Por definición es un trastorno no inflamatorio que se manifiesta por dolor
localizado y rigidez. Su característica primordial es la presencia de puntos
"gatillo" o disparadores del dolor, que se pueden identificar como induraciones
del músculo o de la fascia que al presionarlos desencadenan la sintomatología.
Los síndromes miofasciales pueden incluir otros desórdenes dolorosos regionales
comunes tales como cefalea tensional, dolor lumbar, dolor cervical y síndrome de
la articulación temporomandibular. Por lo tanto los síndromes miofasciales se
convierten frecuentemente en un reto diagnóstico, ya que el dolor originado en
el músculo se puede referir a distancia y simular otra patología o confundir el
origen del dolor. De igual manera los síndromes miofasciales pueden acompañar
frecuentemente a las enfermedades, patologías reumáticas y enfermedades
sistémicas autoinmunes.
Síndrome miofascial y fibromialgia: Similitudes y Diferencias
El Síndrome Miofascial puede incluso confundirse con la Fibromialgia, como
históricamente se ha hecho. Sin embargo existen características diferenciales
que nos ayudan al diagnóstico correcto (ver tabla 1). El Síndrome Miofascial
está definido por la presencia de puntos gatillo, mientras que en la
Fibromialgia existen puntos dolorosos o sensibles sin la característica zona de
dolor referido al presionarlos. La relación entre puntos gatillo y puntos
sensibles no es muy clara. Sin embargo los puntos gatillo son usualmente muy
sensibles a la palpación, ocasionando contracción muscular y dolor. La más
importante diferencia entre Fibromialgia y Síndrome Miofascial es la noción de
que el Síndrome Miofascial es un desorden de dolor localizado o regional,
mientras que la Fibromialgia es un desorden de dolor generalizado. Además, el
dolor Miofascial mejora o se alivia inmediatamente después de aplicar métodos
locales (Infiltración, etc.), mientras que tales tratamientos no suelen ser
exitosos en la Fibromialgia, representando por tanto una enfermedad crónica. En
la Fibromialgia el dolor es generalizado y no necesariamente está relacionado
con los puntos sensibles.
Tabla 1. Comparación entre fibromialgia y síndrome miofascial
reuma_comparacion.jpg (57205 bytes)
La única forma de establecer el diagnóstico de dolor miofascial es con la
historia clínica, el interrogatorio y el examen manual/digital de la
musculatura. Este dolor tiene una respuesta escasa o nula a los fármacos
analgésicos, antiinflamatorios, opiáceos, sedantes, miorrelajantes y
antidepresivos.
NOTA: Según se ha publicado en el Diario Médico del 5 de septiembre de 2006,
parece que una única infiltración de toxina botulínica, conocida popularmente
como bótox, llega a hacer desaparecer el dolor miofascial en el 50% de los
casos, mientras que en otro 30-40%, la intensidad se reduce a más de la mitad.
Así se desprende de la experiencia de la Unidad del Dolor del Hospital de Getafe,
en Madrid.
2. Síndrome de Sjögren o Síndrome Seco
El síndrome de Sjögren o síndrome seco es una enfermedad inflamatoria crónica
caracterizada por la afectación de las glándulas exocrinas, que son aquéllas que
vierten su secreción hacia el exterior, las glándulas más afectadas con las
salivales y las lagrimales.
Esta enfermedad puede afectar a cualquier persona y en cualquier edad, aunque es
mucho más frecuente en mujeres (hasta nueve veces más frecuente que en varones)
y entre los 30 y los 50 años de edad.
No se conoce su causa. Lo más probable es que en pacientes genéticamente
predispuestos, algún estímulo externo, aún no conocido, inicie un proceso de
reacción del sistema inmune contra las células de las glándulas exocrinas, que
es lo que condiciona el desarrollo de la enfermedad.
Los síntomas de esta enfermedad se deben a la destrucción y mala función de las
glándulas afectadas. Por ello, los más frecuentes son la sequedad oral y ocular.
La sequedad ocular, por la afectación de las glándulas lagrimales, produce picor
o escozor ocular, sensación de arenillas, dolor ocular, mientras que la sequedad
oral se manifiesta fundamentalmente por sensación de sed, dificultad para la
masticación, escozor en la lengua, que suele estar enrojecida, y mayor
incidencia de caries dentales. Puede presentarse sensación de sequedad nasal y
tos, por la sequedad del árbol respiratorio, así como sequedad vaginal, con
prurito y dolor con las relaciones sexuales.
Otros síntomas que pueden aparecer asociados a esta enfermedad, no directamente
relacionados con la afectación glandular, son los dolores articulares y, en
algunos enfermos, puede existir afectación del pulmón, los riñones o el sistema
nervioso.
Por su condición de enfermedad autoinmune puede asociarse a otras enfermedades
de este tipo, sobre todo enfermedades del tiroides. También puede aparecer en
enfermos con enfermedades reumáticas, como la artritis reumatoide, en cuyo caso
se denomina síndrome de Sjögren secundario.
Al no conocerse la causa de esta enfermedad, el diagnóstico se basa
principalmente en los datos clínicos y analíticos que se encuentran en estos
enfermos.
No existe un tratamiento curativo para esta enfermedad, y ni siquiera existe uno
que sea capaz de evitar la progresión de la misma, por lo que el tratamiento
únicamente tiene como fin el alivio de los síntomas.
En general se trata de una enfermedad de pronóstico benigno. Para la mayoría de
los pacientes, con síntomas derivados de su síndrome seco, aun cuando no se
curan, el tratamiento sintomático permite una vida con aceptable calidad.
3. Hipersensibilidad a metales en el Síndrome de Fatiga Crónica
Es un tema muy novedoso, aunque de momento poco estudiado. Parece existir una
relación entre la alergia a metales y el SFC, la hipersensibilidad a los metales
afecta al eje hipotalámico-pituitario-adrenal e indirectamente activa síntomas
psicosomáticos característicos del síndrome de fatiga crónica, fibromialgia y
otras enfermedades de etiología desconocida. Incluso, se ha visto, que la
exposición a metales puede desencadenar un brote de fatiga crónica, o agravar la
enfermedad.
4. Hipersensibilidad a fármacos
¿Qué es una reacción medicamentosa (RAM)?
Cualquier efecto perjudicial o indeseado, que ocurre tras la administración de
una dosis de un fármaco normalmente utilizado para la profilaxis, diagnóstico
y/o tratamiento. La incidencia exacta es desconocida. Un 5% de adultos pueden
ser alérgicos a uno o más fármacos; aunque un 15% de la población general “se
dice” alérgico e identifica antibióticos y analgésicos como principales
medicamentos responsables. Estos datos no constituyen una fuente fidedigna de
información, debido al desconocimiento o confusión existente respecto al término
“alergia medicamentosa”, identificado vulgarmente con cualquier forma de
reacción adversa a medicamentos.
Existen dificultades importantes para distinguir si una manifestación clínica es
el resultado de una medicación específica o forma parte de la enfermedad del
paciente. Además muchos de los síntomas atribuidos a la administración de un
medicamento, tales como cefalea, náuseas o prurito, son subjetivos y muchos
individuos presentan estos síntomas sin que hayan recibido ningún fármaco.
Factores que influyen en el desarrollo de una RAM
1. Relacionados con el fármaco: Propiedades fisicoquímicas: peso molecular y/o
estructura química, vía de administración: reacciones más graves por vía
parenteral, dosis, duración del tratamiento e intervalo: exposiciones múltiples
e intermitentes y/o dosis altas y prolongadas.
2. Relacionadas con el paciente:
• Edad: en niños poco frecuente, en ancianos mayor probabilidad debido a
alteraciones
farmacocinéticas, la mayoría en adultos jóvenes y de mediana edad.
• Sexo: más frecuente en mujeres, ya que suelen ser más consumidoras de
fármacos.
• Factores genéticos: se ha sugerido que el HLA está implicado en reacciones con
ciertos fármacos.
•Enfermedades concurrentes y tratamientos concomitantes: desnutrición,
hipoalbuminemia, insuficiencia renal y hepática, infecciones, etc.
Todavía no existen estudios fiables que puedan contestar a si el SFC es
realmente un factor de riego para la aparición de RAM.
5. Crisis de ansiedad y pánico
Las crisis de pánico afectan al 1,5-3,5 % de la población general, son más
frecuentes en mujeres y suelen comenzar en la adolescencia, aunque a veces
debutan en personas de mayor edad. En el SFC, puede aparecer hasta en el 20% de
los enfermos.
Se manifiestan como episodios bruscos e inesperados, sin causa aparente, de
miedo intenso a perder el control, o a que algo horrible va a suceder o incluso
miedo a morir, acompañados de síntomas como: dificultad para respirar, dolor en
el pecho, palpitaciones, sudación, temblores, sensación de mareo e
inestabilidad, hormigueo, nauseas y malestar abdominal.
Por lo general, las crisis duran entre 10 minutos y media hora. En casi todos
los casos las personas que sufren un episodio sufrirán algunos más, ocasionando
una gran limitación en el desarrollo de las actividades diarias debido a la
ansiedad que causan y al miedo a padecer nuevos episodios y a sus implicaciones.
Muchas personas que lo padecen, presentan además múltiples y variados temores
centrados fundamentalmente alrededor de tres aspectos: miedo a abandonar el
hogar, miedo a quedarse solo o miedo a encontrarse lejos del hogar en
situaciones en las que se sientan atrapados, molestos o indefensos, lo que se
denomina AGORAFOBIA. Estas situaciones se evitan por miedo a que aparezca una
crisis de angustia, lo que lleva a estas personas a limitar cada vez más sus
actividades.
Los trastornos de pánico constituyen una enfermedad real e importante, que puede
afectar seriamente a la vida de la persona que lo padece y que, aunque puede
mejorar ocasionalmente, no suele desaparecer a menos que se reciba un
tratamiento adecuado.
Esta enfermedad puede controlarse con un tratamiento específico. Una combinación
de psicoterapia y medicamentos (existen varios eficaces) previene crisis
posteriores y hace que estas sean cada vez menos frecuentes e intensas,
consiguiendo buenos resultados en el 70-90% de las personas que padecen estos
trastornos.
6. Disfunción Sexual
Los problemas sexuales se definen como la dificultad durante cualquier etapa del
acto sexual que evita que el individuo o la pareja disfrute de la actividad
sexual.
Las dificultades sexuales pueden comenzar temprano en la vida sexual de una
persona o pueden desarrollarse después. El problema puede desarrollarse de forma
gradual con el tiempo o puede ser repentino y presentarse como una incapacidad
total o parcial de participar en una o más etapas del acto sexual. La causa de
las dificultades sexuales puede ser física, psicológica o ambas.
Los factores emocionales que afectan el sexo abarcan tanto los problemas
interpersonales (como conflictos en la relación marital o falta de confianza y
comunicación abierta en la pareja) y los problemas psicológicos propios del
individuo (depresión, miedos o culpas sexuales, trauma sexual previo, entre
otros).
En el SFC, hasta el 88% de los pacientes presentan uno o más problemas sexuales,
en comparación con el 32% del resto de la población. Lo más afectado parece ser
la líbido, o deseo sexual, que está correlacionado con la propia fatiga que
presenta el enfermo, no con la ansiedad ni con depresión. La mayor parte de los
enfermos de fatiga crónica, se sienten exhaustos tras el acto sexual, según se
ha demostrado en estudios recientes. Es importante la comprensión y tolerancia
por parte de la pareja, para que acepte y tolere las consecuencias del SFC, es
llamativo, que el 47% de los pacientes, ha sido abandonado por su pareja debido
a ésto.
7. Disfunción Familiar
Tanto de la fatiga crónica como la fibromialgia, son enfermedades complejas,
crónicas, incapacitantes, que producen gran sufrimiento, y que requieren de la
compresión, apoyo y ayuda familiar. Además, suele producirse un cambio de roles,
originando una carga familiar secundaria, incluso con pérdidas económicas,
redistribuciones de tareas, pérdida del rol social, etc.
Desde que la enfermedad empieza a manifestarse, hasta que es diagnosticada, a
menudo, suelen pasar años, ésto produce un estrés mantenido, que altera en
ocasiones, el “crecimiento” de la familia, produciendo un desequilibrio en la
misma. Posteriormente, suele existir un periodo de adaptación y un retorno a la
normalidad.
A veces, éste desequilibrio no es afrontado adecuadamente por la unidad
familiar, y puede originar una ruptura. Es importante buscar ayuda aunque sea
extrafamiliar, para intentar no llegar a ésta situación.
8. Susceptibilidad Genética de la Fibromialgia y de la Fatiga Crónica
¿Existe un componente genético de FM y SFC?. Sí, se ha visto que ambas están
asociadas al cromosoma X, y se conoce la existencia de acumulación familiar, que
sugiere este componente genético, además también está apoyado por la alta
prevalencia de ambas enfermedades.
En una publicación reciente en el Heraldo de Aragón, se hablaba de la existencia
del gen COMT, es un gen asociado a la Fibromialgia (FM), y que se encarga del
aumento o disminución de catecolaminas, dependiendo de que el paciente sea un
metabolizador rápido o lento, parece que los enfermos de FM, son metabolizadores
lentos. Este gen no es el causante de la enfermedad, sino que predispone a ella,
o aumenta su severidad.
Otro hallazgo de interés, es la existencia de niveles elevados en la sangre de
estos enfermos de DNA mitocondrial, indicando la presencia de daño celular, y
por tanto, es similar a la situación producida por el envejecimiento.
INVESTIGACIONES EN EL SFC
1. Aportación del SPECT Cerebral Basal Y Postestimulación en el Estudio de la
Disfución Cognitiva en el SFC
El SPECT (tomografía por emisión de fotón único), permite ver la relación flujo
cerebral y función cerebral con la demostración pictórica, mostrando ya sea
zonas de hipofunción como zonas de hiperfunción, es decir, demuestra en forma no
invasiva el estado de la función cerebral.
El SPECT cerebral parece ser una herramienta útil para una mejor compresión del
SFC: se ha detectado un patrón congruente de cambios después del esfuerzo que
sugiere la existencia de vías inhibitorias frontales y especialmente temporales.
Se ha encontrado una alta prevalencia de alteraciones corticales en un grupo de
38 pacientes con SFC, localizadas fundamentalmente en la parte anterior del
lóbulo temporal, cíngulo, área prefrontal y giro frontal inferior. Este patrón
se correlaciona significativamente con algunos marcadores biológicos como la
elastasa y sobre todo la Rnasa L, pero no con otros parámetros clínicos como los
síntomas clínicos de debut, la existencia de una infección viral previa o la
severidad de los síntomas.
2. ¿Por qué el paciente con SFC no tolera el ejercicio físico?
Respecto al ejercicio físico, es importante remarcar de entrada, que estos
enfermos han tenido durante mucho tiempo muy limitada su actividad física por la
severidad de la enfermedad y porque además, presentan una característica
lentitud patológica en la recuperación post-esfuerzo que hace que sea muy fácil
que empeoren tras la práctica de un ejercicio inapropiado, por este motivo,
existen artículos científicos discrepantes al respecto de la conveniencia de
recomendarles la práctica de ejercicio gradual y continuado, pese a ello, la
mayor evidencia científica está del lado de dicha recomendación, siempre
siguiendo un plan realista y adaptado tanto a la enfermedad como al caso
concreto del paciente.
La capacidad de ejercicio aeróbico está severamente afectada en los enfermos con
SFC. El ejercicio aeróbico es aquel diseñado para aumentar la frecuencia
cardíaca y el transporte de sangre y oxígeno al cuerpo. Los enfermos con SFC
tienen especialmente comprometidos los sistemas de inactivación de los llamados
“radicales libres” que se generan como consecuencia del ejercicio aeróbico, y
por lo tanto, un programa de ejercicio aeróbico debe abordarse en base a una
evaluación previa de la capacidad cardiopulmonar en relación al esfuerzo y sin
esta determinación previa, muchos objetivos simples de ejercicio aeróbico,
pueden convertirse en anaeróbicos (habituales en los ejercicios intensos de
corta duración) en un enfermo con SFC.
Incluso las actividades de la vida diaria, como pasar la aspiradora en una sola
habitación, pueden exceder la capacidad aeróbica de los enfermos. Esto puede ser
difícil de entender, incluso para las personas que conviven con ellos, pues no
hay que olvidar que el aspecto externo de los enfermos no se modifica.
Así pues, el plan de ejercicio en los enfermos con SFC tiene como objetivos:
mejorar el conocimiento de sus propios límites, evitar la pérdida progresiva de
condición física, aumentar la fuerza muscular y la flexibilidad, para hacer que
el enfermo se sienta mejor y tenga menos dolor, lo que incidirá directamente en
su calidad de vida, pero sin pretender incrementar, como objetivo principal. su
capacidad aeróbica, aunque algunos pacientes lo conseguirán adicionalmente.
Es importante que la pauta de ejercicio sea asumible y que esté además adaptada
a otras condiciones clínicas del enfermo.
3. El Consumo de Oxígeno y la Expresión de la RNasa L en el SFC. Síndrome de
Fatiga Crónica y Estrés Oxidativo
LA RNASA L EN EL DIAGNÓSTICO DEL SFC
El SFC es una enfermedad que afecta a todo el organismo, la causa o el factor
desencadenante puede ser variado, como una infección vírica u otros gérmenes,
que entran dentro la célula. A partir de este momento inicial se produce una
alteración o disfunción del sistema de defensa y con la producción de un montón
de sustancias denominadas citoquinas, se produce una interferencia en las
diferentes funciones de las células, órganos y tejidos de los pacientes
afectados por el SFC.
La activación crónica de las defensas ocasionará una alteración de la respuesta
inmune, con una producción anormal de sustancias denominadas “citoquinas”,
predominantemente de las que dan lugar a la inflamación (th2: IL-4, IL-5, IL-10)
y disminución de las que son importantes por una correcta respuesta antiviral
(th1: IL-2, IFN gama). La respuesta de las Th2 da lugar a la producción de
anticuerpos y esto explicaría los fenómenos de la autoinmunidad observados en
algunos pacientes como los del síndrome seco, antecedentes de rinitis, asma e
hipersensibilidad a los fármacos entre otras.
Cuando una célula es infectada, se activan los mecanismos de acción contra los
virus, que consiste en inhibir la producción de proteínas (acción de la Protein
Kinasa R (PKR), bloquear la replicación viral o destruir el material geonómico (RNA)
o mRNA virales intermedia la activación de la 2-5 oligoadenilato sintetasa (2-5
OAS) que a la vez activa la Rnasa L.
La Rnasa L es una endonucleasa de 741 aminoácidos que tienen la función doble
durante la infección, de una parte ejerce una función antiviral de destrucción
de las RNAs de origen viral, mientras que por otro, degrada el mRNA de la PKR
(incluido por el INF). Con esto, se consigue que el efecto del IFN sea
transitorio y dé la oportunidad a la célula a recuperarse, siempre y cuando, no
haya una reestimulación continuada.
Los marcadores biológicos que pueden tener una gran utilidad en el diagnóstico,
estratificación de la severidad de la fatiga, y posteriormente en el
tratamiento, sería el cociente Rnasa L (37 kDa/83 kDa), actividad Rnasa L,
elastasa monocitaria y actividad de la PKR, que ya se pueden determinar en
laboratorios de investigación de Europa.
El profesor De Meirleir, constata como el cociente entre la molécula de 37 kDa y
la de 83 kDa, es útil para diferenciar los pacientes con la SFC de los afectados
de fibromialgia o depresión mayor. Esta Rnasa L puede dar lugar a una alteración
de los canales iónicos celulares, produciendo a su vez, una canalopatía, que
explicaría muchos de los síntomas del SFC.
En relación a la implicación de estos marcadores en la respuesta del tratamiento
del SFC con la negativación de la Rnasa L, son de interés los ensayos clínicos
terapéuticos realizados con el pli-1, 12-CU (ampligen), que puede negativizar la
Rnasa L, y que se asocia con la mejora de la sintomatología clínica en el SFC.
4. ¿Manejo del Dolor en el SFC con Fibromialgia?
Dado que no se han identificado las causas del SFC, los tratamientos existentes
se centran en paliar los síntomas. El médico, junto con el paciente, elaborará
un programa adaptado a sus necesidades individuales que ofrezca el máximo
beneficio y que está basado en los tratamientos que contiene esta sección.
Tratamientos no farmacológicos:
1 - Actividad física. En general, los médicos recomiendan a los pacientes que
vigilen el ritmo de vida que mantienen y que eviten en lo posible el estrés
emocional y la tensión física. Las actividades cotidianas regulares y razonables
contribuyen a evitar el fenómeno push-crash, caracterizado por sobreesfuerzos
durante los períodos de mejoría, seguidos de recaídas quizá debido a la
actividad excesiva.
Aunque los pacientes deben mantenerse tan activos como sea posible, los médicos
deben explicar el trastorno a familiares, recomendándoles que sean lo más
indulgentes posible. Es importante también el ejercicio moderado regular para
evitar que la condición física empeore, aunque debe estar supervisado por un
médico o un fisioterapeuta. Entre los tratamientos no farmacológicos que usan
los pacientes figuran la acupuntura, la hidroterapia, la quiropraxia, los
masajes, los estiramientos musculares, el tai-chi, la terapia táctil y el yoga.
2 - Psicoterapia y terapia de apoyo. Ciertos tipos de psicoterapia, como la
psicoterapia cognitivoconductual, han ofrecido resultados prometedores al ayudar
al paciente a combatir su enfermedad.
Tratamientos farmacológicos
Los tratamientos farmacológicos van encaminados a aliviar los síntomas
específicos. Los pacientes se muestran hipersensibles a los fármacos, en
especial los que afectan el sistema nervioso central. Por ello, la estrategia
consiste en comenzar con dosis muy bajas que se irán aumentando gradualmente
según la necesidad.
1 -Agentes tricíclicos en dosis reducidas. En ocasiones se administran agentes
tricíclicos para mejorar el sueño y aliviar el dolor leve generalizado, como la
doxepina, la amitriptilina (Tryptizol, Mutabase) y la nortriptilina.
Algunos efectos secundarios que pueden aparecer son: sequedad de boca,
somnolencia, aumento de peso y una elevada frecuencia cardiaca
2 -Antidepresivos. Se han administrado a enfermos de SFC con depresión, aunque
se ha observado que aquéllos que no la presentan y que han sido tratados con
inhibidores de recaptación de serotonina se benefician tanto o más que los que
padecen depresión. Entre estos fármacos se incluyen los inhibidores de la
serotonina como la fluoxetina (Prozac, Adofen, Reneuron...), la sertralina (Besitran)
y la paroxetina (Frosinor, Motivan, Seroxat); etc.
3 - Agentes ansiolíticos. Se emplean para tratar trastornos como el pánico.
Entre estos agentes se hallan, por ejemplo, el alprazolam (Trankimazin), el
clonazepam (Rivotril) y el lorazepam Idalprem, Orfidal). Los efectos secundarios
habituales son efectos sedantes, amnesia y síntomas de abstinencia (insomnio,
calambres abdominales y musculares, vómitos, sudor, temblor y convulsiones).
4 - Antiinflamatorios no esteroides. Pueden emplearse para aliviar el dolor y la
fiebre. Algunos de ellos se obtienen sin receta médica. Algunos son el naproxen
(Naprosyn), el ibuprofeno (Dalsy, Algidrin, Espidifen...) y el piroxicam (Feldene).
Son fármacos generalmente seguros cuando se siguen las indicaciones, pero pueden
presentar varios efectos secundarios, como lesiones renales, hemorragias
digestivas, dolor abdominal, náuseas y vómitos.
5 -Otros fármacos experimentales. El Ampligen es un producto compuesto de ácidos
nucleicos sintéticos que estimula la producción de interferón, un grupo de
modificadores de la respuesta inmunitaria que también presentan actividad
antivírica. Un estudio realizado con método de doble ciego reveló que los
pacientes a los que se administró Ampligen experimentaban una leve mejoría en la
respuesta cognitiva en comparación con el grupo al que se administró el placebo.
Estos resultados preliminares deben confirmarse con estudios adicionales.
La Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) no ha aprobado
este fármaco, por lo que su administración debe considerarse experimental.
La g-globulina (Gammar) es una mezcla de inmunoglobulina humana. Contiene
anticuerpos para combatir gran número de agentes infecciosos y se emplea para
inmunizar de forma pasiva a aquellas personas cuyo sistema inmunitario está en
peligro, o a quienes han estado expuestos a un agente que pudiera causar una
enfermedad grave si no cuentan con inmunoglobulinas. Su utilización en los
pacientes es experimental y se basa en la hipótesis de que el SFC es provocado
por un trastorno inmunológico.
Suplementos dietéticos y preparados a base de hierbas
Se ha afirmado que varios suplementos dietéticos y preparados a base de hierbas
tienen un efecto potencialmente beneficioso. Prácticamente en ningún caso se ha
evaluado la efectividad de estos remedios para combatir el SFC mediante ensayos
controlados con grupos de referencia. Contrariamente a la opinión popular, el
origen «natural» de un producto no garantiza su seguridad. Los suplementos
dietéticos y los preparados a base de hierbas tienen potenciales efectos
secundarios y algunos pueden interferir o interactuar con los medicamentos
prescritos. Los pacientes deben conocer la opinión de su médico antes de emplear
un remedio por su cuenta.
5. Metodología en la Estratificación de la Severidad de la Fatiga en el SFC
El Dr. De Meirleir es investigador renombrado del mundo y es profesor de
fisiología y medicina interna en una universidad de Bruselas. Él es co-redactor
del “Síndrome de Fatiga Crónica: Un acercamiento biológico”, co-redactor del
diario del Síndrome de Fatiga Crónica y revisor de más de diez diarios médicos.
El Dr. De Meirleir era uno de cuatro expertos internacionales que desarrolló el
documento canadiense del consenso para SFC. Él trata a 3.000 a 4.000 pacientes
de SFC anualmente.
Normalmente cuando un virus infecta una célula, una enzima llamada Ribonuleasa L
(RNasa L) se activa y corta el RNA del agente infeccioso y así no puede
replicarse.
En pacientes con SFC, se encontró una RNasa L anormal, ya que tiene un peso
molecular casi la mitad menor del normal. Esto puede usarse para discriminar
pacientes de SFC de la gente sana con una exactitud del 99%. Estos resultados
confirman un origen orgánico del SFC.
Aunque el perfil de cada paciente es único, los pacientes tienden a distribuirse
en tres grupos con diversas causas y tratamientos.
Perfiles del grupo:
Grupo 1: (15-20%) Este grupo tiene altos niveles del RNasa L de bajo peso
molecular y elastasa, niveles bajos de proteín kinasa (PKR) y de ácido úrico, y
niveles normales del óxido nítrico. La característica predominante de estos
pacientes son los problemas neurocognitivos tales como confusión y concentración
y memoria deterioradas. El dolor no es prominente. Estos síntomas expuestos
tienen algunas semejanzas a la esclerosis múltiple.
Grupo 2: (10-15%) Los pacientes tienen niveles muy altos del RNasa L de bajo
peso molecular y elastasa, los valores de PKR son elevados, actividad seriamente
baja de la célula natural killer y niveles de ácido úrico muy bajo. Este grupo
de pacientes, seriamente enfermos, tiene infecciones bacterianas el originar de
animales tales como animales domésticos, roedores, etc. Estos pacientes tienen
problemas severos del intestino.
Grupo 3: (60-70%) La mayoría de pacientes con SFC está en este grupo. Este
perfil es básicamente similar al grupo 2. El dolor generalizado es una
característica prominente. Estos pacientes tienen infecciones gastrointestinales
y bacterianas.
En 2003, un grupo de expertos internacional convocado por el Departamento de
Salud de Canadá, publicó unos nuevos criterios de definición de caso de SFC, que
son los siguientes:
Una persona con Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) deberá reunir los siguientes
criterios para el diagnóstico y no tener ningún criterio de exclusión:
* Cansancio o agotamiento extremo
* Malestar y/o cansancio post esfuerzo
* Trastornos del sueño
* Dolores musculares y/o articulares
* Presentar dos o más manifestaciones neurocognitivas
* Uno o más síntomas de dos de las categorías de manifestaciones
neurovegetativas, inmunológicas y neuroendocrinas
* Cumplir con el ítem 7 (duración en el tiempo).
Desarrollo de ítems:
1. Cansancio o agotamiento extremo: El paciente deberá presentar un grado
significativo de cansancio físico y mental inexplicable, de un nuevo comienzo,
persistente y recurrente, que reduzca substancialmente el nivel de su actividad
habitual.
2. Malestar o cansancio post esfuerzo: Hay una inapropiada pérdida de la
resistencia física y mental, una rápida fatigabilidad muscular y cognitiva,
malestar y/o cansancio postesfuerzo; dolor; tendencia a que empeoren otros
síntomas asociados dentro del grupo de síntomas que presenta el paciente. El
periodo de recuperación es patológicamente lento, pudiendo llevar 24 horas o
más.
3. Trastornos en el sueño: Se presenta bajo la forma de un sueño poco reparador
o de trastornos en el ritmo y en la cantidad de sueño, como un sueño invertido o
sueño diurno caótico.
4. Mialgias: Hay un significativo grado de mialgias. El dolor puede
experimentarse en los músculos y/o en las articulaciones, y es a menudo de
naturaleza extendida y migratoria. El dolor de cabeza es de un nuevo tipo,
patrón y severidad.
5. Dos o más de los siguientes trastornos neurocognitivos deberán estar
presentes: Confusión, desorientación, falta de concentración y de atención,
fallos en la memoria de corto plazo, dificultades en el procesamiento de la
información, en la recuperación y clasificación de palabras (no encontrar las
palabras y/o nombrar los objetos); trastornos sensoriales y perceptivos, tales
como: inestabilidad, desorientación espacial e inhabilidad para focalizar la
atención. Ataxias. Debilidad muscular. Puede haber fenómenos de sobrecarga como
por ejemplo: fotofobia, hipersensibilidad a los ruidos. Situaciones de
sobrecarga emocional pueden conducir a períodos de ansiedad o episodios de
quiebre emocional cargados de angustia.
6. Por lo menos un síntoma de las siguientes categorías:
a) Manifestaciones Neurovegetativas: Intolerancia ortostática, trastornos en el
intestino con o sin Colon Irritable, frecuencia urinaria aumentada con o sin
disfunciones en la vejiga, palpitaciones con o sin arritmias cardiacas,
inestabilidad vasomotora y trastornos respiratorios.
b) Manifestaciones Inmunológicas: Inflamación de ganglios, dolor y/o ardor de
garganta, recurrentes estados gripales, malestar general, aparición de nuevas
alergias o cambios en las alergias preexistentes, hipersensibilidad a los
medicamentos y/o a los químicos.
c) Manifestaciones Neuroendocrinas: Pérdida de la estabilidad termoestática,
intolerancia al frío y/o al calor, falta o excesivo apetito, hipoglucemia,
pérdida de la adaptabilidad y de la tolerancia al estrés, empeoramiento de los
síntomas con el estrés, y labilidad emocional.
7. La enfermedad persiste por lo menos 6 meses: Normalmente presenta un comienzo
agudo, pero también puede comenzar en forma gradual.
EXCLUSIONES
Se excluye cualquier proceso de enfermedad activo que explique la mayoría de los
síntomas de cansancio, trastornos en el sueño, dolor y disfunciones cognitivas.